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Mucha gente confunde el acogimiento con la adopción

¿Qué es el acogimiento familiar y en qué se diferencia del preadoptivo?

–El acogimiento familiar es una figura dentro del sistema de protección a la infancia por la que ciertos menores de cero a 18 años viven con una familia distinta a la suya. Se trata de la respuesta solidaria de una familia a otra. Las familias acogedoras somos complementarias a las biológicas de esos niños. Somos un referente durante un tiempo determinado en la vida del niño. Tiene un principio y un fin. Puede ser un mes o años.

Aragón duplica el número de familias de acogida, pero necesita más

Este verano, los centros de acogida dan cobijo en Aragón a 276 menores que carecen de un núcleo familiar seguro. Es posible que en un futuro algunos puedan volver con sus familias pero la gran mayoría han sido apartados de forma permanente de sus padres y el Gobierno de Aragón ejerce sobre ellos una tutela firme.

La nueva Ley de Protección a la infancia y a la adolescencia, aprobada hace ya un año, recoge que los menores “necesitan un ambiente familiar” para asegurar un “adecuado desarrollo de su personalidad”, por lo que aspira a reducir al máximo el número de menores que viven en centros de acogida a base de priorizar su alternativa, el acogimiento familiar.

La familia extensa es una buena opción para algunos de estos menores pero no todos tienen la suerte de contar con tíos o abuelos capaces de cuidar de ellos mientras se resuelven los problemas de sus progenitores. De los casi 400 menores de la Comunidad que permanecen a día de hoy separados de sus padres, solo 75 han podido ser reubicados en el hogar de otros familiares por lo que se hace imprescindible contar con una cartera de familias dispuestas a acoger a menores con los que no guardan relación de parentesco. Unas veces para acogimientos de urgencia que no superan los seis meses, otras para acogimientos temporales (menos de dos años) y algunas para acogimientos permanentes (hasta que el menor cumple los 18 años).

75 familias inscritas
Según informó en diciembre el director gerente del IASS, en el momento en el que entró en vigor la nueva ley Aragón contaba solo con “unas cuarenta familias de acogida” para 403 menores sobre los que ejercía la tutela o guarda. En solo ocho meses el Gobierno de Aragón ha conseguido que 32 nuevas familias soliciten formalmente participar en el programa de acogimiento familiar y a día de hoy son 75 las familias registradas.
Aún así, se necesitan “muchísimas más”, tal y como recalca José Antonio Martínez, presidente de la Asociación de Acogimientos Familiares de Aragón (Adafa). “Es necesario que los niños vivan en familias y no en centros pero sobre todo creemos que ningún niño menor de tres años debería pasar por centros de acogida y actualmente lo están haciendo porque no hay familias suficientes”, insiste Martínez.

Desde el Departamento de Ciudadanía y Derechos Sociales informan de que a día de hoy veinte niños se encuentran en situación de acogimiento de urgencia y otros 21 han sido asignados de forma más estable a familias de acogida. Sobre el resto de familias inscritas, la Administración explica que hay que valorarlas una por una y ofrecerles una formación antes de iniciar los acogimientos. Aún así, insisten en la necesidad de seguir incrementando el número de familias de acogida para ofrecer esta alternativa al mayor número posible de menores y hacen un llamamiento a la población para pedir información a través del teléfono 976 715 004 o del correo electrónico: acogimientofamiliar@aragon.es.

Fuente: www.heraldo.es

Los niños en acogida y adopción que nadie quiere
Los niños en acogida y adopción que nadie quiere

los niñosA sus seis meses de edad, Juan Pablo, podría representar el perfil perfecto del bebé aspirante a ser adoptado o acogido, pero es difícil que eso ocurra. Nació con síndrome alcohólico fetal y microcefalia, es probable que sufra un retraso mental ligero o moderado; hasta la fecha, no tiene una familia con la que compartir su lucha vital.

Carlos, de nueve años y con parálisis cerebral, va al cole en su silla de ruedas, pero sigue a la espera de un hogar donde seguir creciendo.

Lo mismo le ocurre a María, de dos años, que padece una enfermedad neurológica que le provoca crisis epilépticas y aunque su desarrollo actual es acorde a su edad y la epilepsia está controlada, es posible que en el futuro la afectación sea mayor.

Graciela, pese a su corta edad mantiene un pulso constante a la vida, que le lleva a visitar con frecuencia el quirófano y la UCI, fruto de una grave cardiopatía. Para esta pequeña de diez meses, es necesaria una familia adoptiva que pueda atenderle plenamente las 24 horas del día y que acepte un posible retraso ligero o moderado en el futuro. Pero, de momento, Graciela está sola en su batalla.

A la expectativa de ese futuro acompañado y envuelto en el afecto que sólo una familia sabe dar, también está Pedro, que no llega a los dos años de edad y presenta retraso motor y de lenguaje asociado al síndrome alcohólico fetal, con una leve parálisis del lado derecho, aunque, gracias a la estimulación va progresando.

Pese a que todos ellos luchan por vivir cada día, son solo algunos de los protagonistas de una lista no reconocida en la sociedad, de niños invisibles, cuyos parientes biológicos no pueden hacerse cargo de ellos, pero que aspiran a encontrar una familia donde desarrollar su vida con dignidad.imación a la realidad del acogimiento familiar en las diferentes comunidades con presencia de Aseaf.

El futuro de María, Juan Pablo, Carlos, Graciela, Pedro y tantos otros niños en situaciones parecidas, es más que incierto y la esperanza de encontrar un hogar casi inexistente. Lo más probable, según los expertos, es que pasen el resto de sus días en un centro donde los técnicos que se encargan de ellos harán todo lo humanamente posible para que su vida sea la mejor, pero les faltará algo básico: el calor de un hogar, los brazos y los abrazos de una familia de adopción o de acogida. Los requisitos, entre otros, para acoger o adoptar a niños con estas necesidades especiales pasan por la plena disponibilidad de uno de los integrantes de la familia y por algo aún más duro si se tienen hijos naturales: preparar a los otros miembros de la familia para lo peor. Porque muchos de estos pequeños tendrán una vida corta y es una realidad que está detrás de la dificultad para encontrarles un hogar. Pero como dicen los profesionales que trabajan en esto, no es más difícil que la vida en sí misma.

En España, a día de hoy, existe un fenómeno, que augura pocas esperanzas. Mientras que nuestro país es el primero en adopciones, está a la cola en acogidas y adopciones para niños con dificultades especiales, como es el caso de nuestros pequeños protagonistas. Estos niños invisibles, con mayor necesidad de encontrar familia, y paradójicamente, menos opciones de llegar a ellas.

Antonio Ferrandis, Jefe del Área de adopciones de la Comunidad de Madrid, asegura que “no existe una definición para el término de adopción especial”, y recurre a la expresión anglosajona, “hard to place” (difícil de colocar). Por duras que suenen estas palabras, se trata de niños y niñas cuyas características, suponen un inconveniente añadido para hallar una familia.

El que no puede esperar, es el niño.

Este profesional, con más 16 años de experiencia en este campo, asegura que, a día de hoy los niños que padecen alguna minusvalía o enfermedad psíquica o psicológica, aquellos procedentes de familias numerosas, mayores de ocho años, de otra nacionalidad, cuentan con especial dificultad para encontrar una familia, ya sea de adopción o de acogida.

ninos-en-adopcion-que-nadie-quiere-2902-body-image-1456742060Además, Ferrandis invita a una reflexión, que aclara toda lógica por la que se rige tanto la adopción como acogida, y es que “el que no puede esperar, es el niño”. Una afirmación que dispara dosis de empatía hacía estos pequeños aspirantes a una vida digna en un entorno familiar.

Este panorama demuestra que a la sociedad española le queda mucho por recorrer en este ámbito. Y, seguramente, el primer paso consiste en poner luz a estas circunstancias que arrastran a miles de vidas a crecer en un centro. Según el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en la actualidad en España hay casi 35.000 menores bajo tutela o guarda de las administraciones, de los que 13.4000 están en residencias, a la espera de una familia.

Isabel -nombre ficticio, ya que prefiere mantener su anonimato- es consciente de este problema, desde hace casi dos décadas, cuando decidió acoger a una niña de nueve años y más tarde a su hermano de cinco, con una discapacidad que suponía para el pequeño, un grado de dependencia del 85%. Ambos vivían en un centro de acogida para menores, una realidad que, a Isabel, le parece inconcebible. “Es increíble, que haya niños que tengan que crecer entre cuatro paredes”. Para ella, no es una suerte que sus hijos hayan llegado a su vida, o viceversa, ya que la lectura que esta mujer hace es que “ojalá no tuvieran que haberse visto en esta situación”. Tampoco le asusta la responsabilidad de acompañar en el crecimiento de su hijo dependiente, y considera que “es muy gratificante vivir su evolución”, aunque lamenta que “el mundo de la discapacidad es el gran desconocido”. Si hay algo que hace encoger su alma, “es pensar en el tiempo que viven en las residencias, para los niños, darles de comer y alimentos, no está todo hecho”.

Para vivir plenamente como adulto con necesidades emocionales, tienen que haber sido muy bien cubiertas. Es decir, querer a alguien y que te quieran.

Seguramente su caso no sea especialmente representativo, pero sí que ayuda a arrojar luz en la sociedad y conseguir que haya un día en el que su historia y la de sus hijos, pierdan el carácter anecdótico. Pero para llegar a ese punto, esta mujer cree que queda por delante un largo camino para “normalizar” y “desestigmatizar” dentro de la sociedad. Un recorrido que, irremediablemente, recuerda al que se siguió hasta aceptar las adopciones y que hoy coloca a España en el pódium de ofrecimientos para adoptar a pequeños sin necesidades especiales. Por suerte, atrás quedaron los años en los que, ser padre o hijo no biológico, era sinónimo de vergüenza o tabú.

Pero el reto de conseguir una familia para todos los niños que carezcan de ella, sigue sin alcanzarse, sigue vigente. Y las víctimas de este objetivo inconcluso, son esas pequeñas personitas que se mantienen a la espera de una adopción especial o de ser acogidos.

Para Isabel, “el principal hándicap” para que esta problemática siga vigente, es que “la gente no sabe que existe la opción de la acogida”. Una falta de información que también los expertos lamentan.

Antonio Ferrandis echa en falta “campañas generalistas, en la opinión pública y en los medios de comunicación”, además de “campañas reales, que consisten en visibilizar dentro de los entornos más cercanos a los niños acogidos, como en las Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de los colegios”. Para que, de esta manera, cale el mensaje de que “un centro no es un lugar adecuado para el crecimiento del niño”.

Hay menores que han llegado a la adolescencia en estos centros y para ellos es muy complicado imaginarse y aceptar la vida en otro lugar.

Entre las secuelas de estos menores, unidas a su estancia en el centro, están las que afectan al desarrollo general, a la capacidad de socialización, pero especialmente a las capacidades emocionales. “Para vivir plenamente como adulto con necesidades emocionales, tienen que haber sido muy bien cubiertas. Es decir, querer a alguien y que te quieran”, explica Jesús María Rubio, Jefe de Servicio de Acogimiento Familiar de Madrid. “Esto no quiere decir que en los centros no se les de cariño y no se les quiera, pero el calor no es el mismo al que se da en una familia”, matiza. De hecho, hay menores que han llegado a la adolescencia en estos centros y para ellos es muy complicado imaginarse y aceptar la vida en otro lugar, por lo que “es su mejor alternativa”.

Patricia, conoce muy bien los estadios por los que han de pasar los menores en acogimiento residencial. Dejó de vivir con su familia biológica a los seis años, y pasó a un centro tutelado por la Administración, hasta que, a los nueve años, encontró una familia que, para su sorpresa, estaba más cerca de lo que imaginaba. Quien fuera su compañero de clase, con el que iba a cumpleaños de otros amiguos del colegio o jugaba algunos días en su casa, se convirtió en su hermano. De acogida, sí; pero su hermano. “Al principio, la evolución fue dura. Con esa edad ya tienes una historia, unos recuerdos, además tampoco conté con ayuda terapéutica. Pero gracias a la familia de acogida me fui adaptando hasta sentirme una más”, un vínculo que será para siempre. Sigue viviendo con ellos, “¡de aquí no me muevo!” dice con una dulzura que no puede esconder. Esta joven de 19 años que estudia un Ciclo Superior en Educación Infantil y no descarta ser madre de acogida en un futuro, es consciente del apoyo que ha recibido y recibe de su familia de acogida, “sabes que ellos no te van a fallar nunca”.

Aunque reconoce que en algún momento se ha preguntado cómo hubiera sido su vida si nunca hubiera salido de la residencia, aclara que “no lo puedes imaginar, a lo mejor no hubiera seguido estudiando, porque me costaba mucho y en el centro no tenía la atención o el apoyo tan personalizado como el que me han dado ellos, y en mi familia biológica lo prioritario es trabajar”.

Patricia sabe que su caso “es raro” porque rompe los esquemas. Muchos niños que superan los ocho años, nunca encuentran familia. Ella sí. Por eso, su mayor deseo es que la sociedad conozca esta realidad y ayude a que nunca más haya niños que nadie quiera.

Fuente: http://www.vice.com/es/read/ninos-en-adopcion-que-nadie-quiere-2902

(*) Los nombres y algún dato de fácil identificación de los menores citados en este artículo, han sido modificados para proteger su identidad. Gracias a Adacam por su colaboración en este artículo.

Adafa en Radio Zaragoza- Cadena Ser

Entrevista a José Antonio y a Blanca, integrantes de la Asociación de Acogimientos Familiares de Aragón en Hoy por Hoy de Radio Zaragoza-Cadena Ser.

José Antonio y Blanca nos han contado su experiencia como familias de acogida“Desde finales del año pasado, desde la Asociación de Acogimientos Familiares de Aragón (ADAFA), están realizando una campaña informativa a través de charlas sobre qué es el acogimiento familiar. Han comenzado por las asociaciones de madres y padres de varios colegios y alguna asociación más de familias o grupos de vecinos.

En este momento, hay 300 niños que actualmente viven en Aragón en residencias. Hoy, en el espacio Gente Maravillosa, en Hoy por Hoy Zaragoza, hemos conocido a José Antonio Martínez, presidente de ADAFA, y a Blanca. Ambos han compartido sus experiencias acogiendo a menores en sus familias.”

Fuente Cadena Ser

La Asociación Estatal de Acogimiento Familiar recibe la Cruz de Plata de la Orden Civil de la Solidaridad Social

Como reconocimiento a su destacada contribución en la protección y defensa de la infancia, potenciando y promocionando la figura del acogimiento familiar.

La Asociación Estatal de Acogimiento Familiar (ASEAF) ha recibido este jueves, por parte del ministro de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en funciones, Alfonso Alonso, la Cruz de Plata de la Orden Civil de la Solidaridad Social como reconocimiento a su destacada contribución en la protección y defensa de la infancia, al potenciar y promocionar la figura del acogimiento familiar.

La presidenta de ASEAF, Paloma Fernández, ha recogido esta condecoración que ha definido como “un reconocimiento a todas las familias que han descubierto que tenemos 15.000 niños viviendo en residencias, y que han decidido prestarles a estos menores la oportunidad de disfrutar de sus derechos viviendo en familia”.

En este sentido, Fernández ha denunciado que el hecho de tener a tantos niños en situación de desamparo sin poder crecer en familia “es una de las realidades más fuertes y más injustas de nuestra sociedad”. Así, ha recordado que aunque recientemente se ha aprobado una nueva Ley de Protección de la Infancia y la Adolescencia, en cuya elaboración ASEAF ha participado activamente, y que potencia el acogimiento familiar frente al institucional, el principal reto actual es “conseguir que se implemente”.

Por eso, ha pedido al nuevo gobierno, una vez que éste se concrete, que siga avanzando en esta materia en la línea del anterior, es decir, “trabajando codo con codo con las entidades que viven realidades como el acogimiento familiar en su día a día”.

Por su parte, la directora general de Servicios Sociales para la Familia e Infancia, Salomé Adroher, también presente en el acto de entrega de la Cruz de Plata, ha recordado que “las familias son el mayor recurso potencial de la infancia en nuestro país” y que “las familias acogedoras son el principal aliado de las Administraciones para proteger a los menores en situación de desamparo y para garantizar que los niños crezcan en familia, es decir, en el entorno natural en el que debe estar un niño para el pleno desarrollo de su personalidad”.

Así, ha explicado que el galardón es un premio a la labor permanente a lo largo de los años aunque no siempre visibilizada de estas familias y de ASEAF, la asociación que las agrupa. “Esperamos que este reconocimiento además, contribuya a visibilizar esta figura de protección y a que familias que nunca habían pensado acoger un niño, conozcan el acogimiento familiar y puedan llegar a planteárselo”, ha añadido.

Las entidades galardonadas, el “Ibex Social”, según Alonso

Durante su intervención en el acto, el ministro de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Alfonso Alonso, que ha hecho entrega del galardón, ha defendido que las políticas sociales en España dEntrega-cruz-plataeben de elaborarse “de abajo a arriba” y de manera conjunta entre la Administración y las entidades representativas de la sociedad civil. En este sentido, ha felicitado a las organizaciones galardonados este jueves, “por su buena actitud y su disposición al dialogo a pesar de las dificultades”. Así, ha explicado que “la crisis que hemos vivido a removido nuestro orden social y político pero nos ha permitido formular nuevas preguntas cuyas respuestas están en las entidades hoy condecoradas”, a las que el ministro ha definido como el “Ibex Social”.

Además, de ASEAF, en el acto celebrado en el Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad, han sido condecoradas entidades como Ilunion, la Plataforma del Tercer Sector, Plena Inclusión, la Asociación Valenciana de Caridad y la Federación Española de Padres de Niños con Cáncer, entre otros.

Condecorados

 

 

 

 

 

Fuente: Servimedia

El plan de acogida de menores de la DGA atrae a diez familias en dos meses

El plan permanente de acogida de menores del Gobierno de Aragón, que apenas ha dado sus primeros pasos y que se empezó a elaborar hace dos meses, ya va dando sus frutos. Diez familias de la comunidad ya se han puesto en contacto con el Instituto Aragonés de Servicios Sociales (IASS) para solicitar información acerca de este proyecto y, de momento, una de ellas ya se ha incorporado al plan.

Se trata de una pareja de 44 y 47 años, con dos hijos, uno de ellos adoptado. “No me descoloca este perfil, porque es típico, y además, como ya han pasado por la experiencia de una adopción es un núcleo factible para acoger a un menor”, explicó Joaquín Santos, gerente del IASS. “Las otras nueve familias no significa que no se vayan a unir al proyecto, sino que forman parte de un proceso de decisión más largo, donde se les irá informando y ayudando de forma particular”, añadió.

Este programa, tal y como adelantó EL PERIÓDICO, pretende buscar familias para acoger a más de 300 menores en Aragón una vez que la Ley de Protección a la Infancia y la Adolescencia incluyera en su texto, en julio del 2015, la priorización del acogimiento familiar. Por el momento se trabaja a nivel interno, pero desde el IASS se desarrollará próximamente una campaña de información y captación por las tres provincias donde se elaborarán carteles y trípticos.

 

PERMANENTE Con las familias que, por ahora, se han interesado por el programa se crea una bolsa que está dividida en procesos de urgencia –menores que deben ser acogidos de forma inmediata– y acciones temporales o permanentes, con un carácter más genérico.

Desde el IASS se han detectado “mayores problemas” a la hora de formalizar en Aragón acogimientos de menores mayores de 8 años, con dificultades especiales, físicas o trastornos del espectro autista. “Es más difícil”, dijo Santos. El objetivo es hacer una campaña de captación continuada y que como resultado dé acogidas “permanentes”, donde, al menos, se esté más de dos años con el menor. “En las situaciones de urgencia tenemos una respuesta razonable; nuestro esfuerzo se centra ahora en tener un grupo para situaciones temporales”, aseguró Santos.

El plan establece que, desde el IASS, se facilitará información a las familias, formación específica y también se hará una valoración final para decidir si es el lugar idóneo de residencia para el joven. El organismo también facilitará un periodo de acompañamiento a las familias, donde los técnicos analizarán la situación y ayudarán en el caso de que así se requiera.

“Antes se hacía un proceso en el que se colaboraba con agrupaciones de familias, más en conjunto, y muchas se perdían por el camino a la hora de acoger. No se llegaba al objetivo. Esto lo queremos cambiar, queremos que todo sea a la carta, personalizado”, matizó Santos.

 

DATOS Según los datos facilitados por el Departamento de Ciudadanía y Derechos Sociales, a fecha 31 de diciembre había en la comunidad 368 menores bajo tutela del Gobierno de Aragón. Por provincias, 264 estaban en la de Zaragoza; 53 en la de Huesca y 41 en Teruel.

En cuanto a su lugar de residencia, 148 están en centros aragoneses; 26 en espacios de otras comunidades (centros especializados, por ejemplo, en tipologías de salud mental o que, por su situación familiar, deben ser trasladados) y, por último, 191 tienen un régimen de acogimiento familiar.

En este último apartado pueden estar en casas de familiares cuyo parentesco sea el de abuelos o tíos o en familias ajenas que no tengan ninguna relación con la suya.

Fuente: www.elperiodicodearagon.com

La dura batalla de las familias de acogida con menores sin papeles

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Todas las familias con las que he hablado coinciden en decir que no se hacen distinciones entre niños españoles o extranjeros sin papeles a la hora de acoger, salvo alguna rara excepción. No hay que olvidar que “se buscan familias para niños, no niños para familias”, recuerda José Antonio Martínez, padre acogedor y portavoz de Aseaf. A pesar de que los menores no sean repatriados inicialmente, pueden serlo en el futuro, aunque con el paso de los años es difícil que esto suceda. En general las familias no se oponen a la repatriación, pero sí a la manera en que se hace: “Si el niño o la niña va a estar mejor en su país de origen, estupendo, nosotros lo que defendemos es que la repatriación se haga en unas condiciones dignas”, denuncia Mari Pepa Alcántara, madre de acogida y presidenta de la asociación andaluza Acógeles. “Nosotros tuvimos un caso de un menor que lo reclamó su país y en 48 horas ya estaba de camino”, recuerda. Eso es algo totalmente “inhumano, a lo mejor el menor ni habla el idioma del país que lo reclama, no ha habido tiempo para explicarle la situación, para que los psicólogos trabajen con él”.
Afortunadamente este tipo de repatriaciones no son muy habituales y, en general, en estos momentos no son frecuentes las repatriaciones, del tipo que sean.

Sanidad sí, educación sí, ¿y los papeles?
“Nueve meses después de la puesta a disposición del menor a lo servicios competentes de protección de menores sin haber sido repatriado, ha de serle concedida la autorización de residencia”, explica Beatriz. Parece que este trámite ahora se realiza con cierta diligencia, pero hasta hace poco las familias se quejaban de que los menores acogidos esperaban años hasta conseguir su permiso de residencia, por lo que durante todo este tiempo eran niños y niñas
sin papeles. “En teoría, los menores en situación administrativa irregular en España tienen garantizados los derechos fundamentales y no se les puede denegar ni la escolarización ni la asistencia sanitaria”, añade la abogada. Cosa que sí se cumple. El mayor problema viene, por tanto, con la obtención del permiso de residencia.
No tener la autorización de residencia implica situaciones de distinta gravedad que van desde no poder viajar con la familia de acogida o con los compañeros de colegio, hasta “casos que he conocido en que a los 18 años, al no tener
tarjeta de residencia, han expulsado al menor del colegio por no tener documentación”, denuncia Mari Pepa. A pesar de que estos trámites son ahora más eficaces, todavía no está garantizada su completa eficiencia. Una familia
de Cuenca que tiene tres menores en acogida, dos de ellos rumanos nacidos en España sin documentación, denuncia que lleva peleando por sus papeles desde que los acogieron en abril de 2014. La respuesta que reciben de Bienestar Social es que “si movemos el asunto, Rumanía podría llevárselos. Es decir, el miedo como herramienta”, aunque afirman que “no nos damos por vencidos y seguimos solicitando la regularización”.
Más allá de la burocracia y de que los menores puedan viajar o acceder a ayudas como las que se ofrecen a las familias numerosas –para las que se necesita tener documentación igual que para tantos otros trámites–, el permiso
de residencia es un derecho que tienen y que, como tal, tendría que cumplirse siempre. No tener ese permiso de residencia puede tener consecuencias muy graves, como recuerda Beatriz: “A veces sucede que por razones incógnitas las autoridades no solicitan la autorización de residencia del menor, de manera que cuando cumple 18 años no la tiene”. Esto supone que siendo ya mayor de edad puede ser expulsado en cualquier momento. En estos casos, el ya adulto puede pedir “autorización de residencia por circunstancias excepcionales”, añade Beatriz, aunque nunca debería haberse llegado a esa situación según la propia ley.

“No tener la autorización de residencia implica situaciones de distinta gravedad que van desde no poder viajar con la familia de acogida o con los compañeros de colegio.”

El caso de Cuenca es solo un ejemplo de lo que tienen que luchar las familias acogedoras para arreglar los papeles de sus menores acogidos. “Para empezar, los papeles no se hacen de manera automática –como debería ser al
tratarse de un derecho–, por lo que somos nosotros los que tenemos que luchar por ellos”, explica María Ávila, madre acogedora, antigua educadora de centro de acogida y responsable de la Vocalía de Socios de la Asociación de
Acogedores de Menores de la Comunidad Autónoma de Madrid (Adamcam). “Quien los tiene que hacer es la Comunidad de Madrid porque son ellos los que tienen la función de tutela, son el representante legal del menor”. Por ello, “quien insta el expediente es el Instituto del Menor, nosotros no podemos ir a una comisaría y decir oiga, este niño no tiene documentación y queremos que se le tramite”, continúa. Por tanto, las familias son conscientes de que son ellas las que deben presionar a la Administración para que se cumpla la ley y tramiten las tarjetas de residencia. Obviamente, por mucho que ahora se haya agilizado este proceso, saben que si no presionan a las instituciones con frecuencia, puede pasar mucho tiempo hasta que se resuelva la situación del menor o menores a su cargo. Una tarjeta de residencia que, al igual que otros muchos papeles como la cédula de inscripción o la tarjeta sanitaria, una vez conseguida tiene que renovarse con cierta periodicidad, salpimentando la realidad tan burocratizada de estas familias.
Dado que, a pesar lo dicho, la residencia se tramita ya en muchos casos con cierta agilidad, muchas familias prosiguen su lucha por conseguir la nacionalidad española de los menores. Es evidente que tanto cuando el niño o
la niña es menor, como cuando alcanza la mayoría de edad, no es lo mismo tener la nacionalidad española que una simple tarjeta de residencia. María recuerda que todos los menores acogidos en familias de Adamcam tienen ya
los papeles en regla. Unos papeles donde pone nacionalidad desconocida, aunque hayan nacido en nuestro país. “Hemos pedido varias veces la nacionalidad española acogiéndonos al Código Civil que dice que después de
dos años consecutivos pueden ser españoles una vez que están tutelados”, explica. Conseguir la nacionalidad es, a día de hoy, una batalla de años. En opinión de Aurora, esto sucede “porque los jueces encargados de los registros
civiles están saturados y todas las nacionalidades van con retraso”. En Adamcam “nos han tramitado la  nacionalidad a cinco familias y nos han dicho Adamcam “nos han tramitado la nacionalidad a cinco familias y nos han dicho que como mínimo van a tardar dos años. Como mínimo… de ahí en adelante…”
Una familia acogedora de Jaén comenta emocionada que “después de cinco años con muchas dificultades hemos logrado la nacionalidad del menor marroquí, nacido en España, que tenemos acogido”. La primera dificultad ha
sido “la inoperancia de la Administración, el proceso de nacionalización debería comenzar a instancia de ellos, no nuestra, pero la experiencia nos dice que solo lo harán si nosotros nos empeñamos y nunca a iniciativa suya”.
Así que, como dice Mari Pepa, “si cualquier padre tiene obstáculos, los padres de acogida tenemos el doble y si tenemos menores sin papales, el triple”. Es el más difícil todavía.

“Cualquier niño español o extranjero necesita el cariño y la atención de una familia”.

Y sin embargo…
“Nosotros hemos hecho 25 acogimientos –de todas las modalidades– de españoles y de extranjeros”, cuenta Mari Pepa. Haciendo este reportaje me he encontrado con familias que prefieren no participar y que aseguran que dadas
las tremendas dificultades que supone tener un menor sin papeles en acogida, se sienten incapaces de recomendar la experiencia. Mari Pepa afirma: “Lo comprendo perfectamente y lo afirmo”. Es una pena y una injusticia. Las asociaciones –nacionales e internacionales-, incluso la nueva Ley de Protección a la Infancia y a la Adolescencia, coinciden en potenciar el acogimiento familiar frente al centro de acogida. “En los centros los menores están muy bien tratados”, explica Mari Pepa. “Allí hay muy buenos profesionales, atienden muy bien a los niños, con mucho cariño, les ayudan en todo, pero allí trabajan por turnos, lo que hace que los niños tengan muchas referencias, mientras que “una familia es una referencia para siempre”. Cuando cumplen los 18 “el centro los echa, esa es la realidad. Se acabó y a la calle”, prosigue. Y la familia, sin embargo, no entiende de mayorías de edad, ese
vínculo está siempre, defiende Mari Pepa.
Los entrevistados vuelven a coincidir en que las leyes son las adecuadas o como mínimo suficientes, pero que no se cumplen. Por otro lado, demandan una mayor atención por parte de la Administración. En palabas de Beatriz, “la
normativa española es bastante correcta, lo que falla es más bien la práctica”. Mari Pepa afirma que “mientras la Administración no cambie la política que tiene, el acogimiento va a ser muy difícil. Yo lo sigo haciendo y lo voy a seguir haciendo porque apuesto por él” a pesar de los obstáculos.

Curiosamente, tantos testimonios que podrían utilizarse en contra del acogimiento familiar son precisamente su mejor defensa. A pesar de las dificultades que tantas familias han compartido conmigo, ni una sola se ha referido al hecho en sí de tener al menor en casa. Todos, sin excepción, hablan de ellos llenos de cariño. La familia de Jaén, tras su ataque institucional, concluye: “No puedo hablar solo de dificultades sin decir que este enano es una de las mejores cosas que han pasado en nuestra familia”. Como sigue Mari Pepa, “la frase te cambia la vida no abarca todo lo que es. Tú vas a hacer el acogimiento pensando que vas a ayudar a un niño y al cabo de los años te das cuenta de que los niños te están ayudando a ti”. Y esto sin olvidar que hablamos siempre de menores “que han pasado por situaciones muy difíciles”, como apunta María. “Cualquier niño español o extranjero necesita el cariño y la atención de una familia”, concluye María, y más estos menores que en su corta vida han vivido situaciones tremendamente duras y difíciles, o de lo contrario no estarían en situación de desamparo.

Fuente: Estrella Martínez. www.vice.com

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